Acerca de la ansiedad: lo que el psicoanálisis tiene para decirte.

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Actualmente, somos parte de la cultura de la inmediatez. Todo: acceso a información y entretenimiento, compra de productos y comida, información y respuestas, llega en cuestión de segundos. Es comprensible, entonces, que cuando alguien llega a un proceso psicoanalítico y/o psicoterapéutico, cargando años de sufrimiento, malestar o preguntas, espere también resultados igual de rápidos. 

«¿Cuándo voy a mejorar?», «¿Dra., ofrece paquetes para tratar la ansiedad?», «¿En cuánto tiempo se me quita esto?» son de las preguntas más honestas y más dolorosas que he escuchado de consultantes que están iniciando un proceso psicoterapéutico.

Si estás leyendo esto, es probable que conozcas muy bien esa sensación: el pecho apretado, los pensamientos que no se detienen, ideas intrusivas, la angustia que aparece sin que puedas explicar exactamente por qué, intranquilidad en las piernas o manos; todos estos son síntomas de ansiedad. 

La ansiedad se ha convertido en una de las experiencias más frecuentes de nuestro tiempo, y también una de las más incomprendidas; de hecho, se suele subestimar su aparición o presencia. ¡Y cómo no vamos a estar así! SÍ, TODO TIENE QUE SER RÁPIDO.

Desde la perspectiva psicoanalítica, la ansiedad no es simplemente un síntoma a eliminar. Es, antes que nada, una señal. Una señal que el aparato psíquico emite cuando algo —que muchas veces no está a la vista, que le restamos importancia o que no está a nivel consciente— pugna por hacerse oír, ser comprendido y atendido.

Hoy estoy aquí para decirte que algunos malestares con repercusiones físicas, como la ansiedad, tienen raíces profundas y entenderlos requiere tiempo, presencia y un espacio seguro para escucharlos.

¿Qué nos dice el psicoanálisis sobre la ansiedad?

Freud fue uno de los primeros en preguntarse seriamente qué función cumple la angustia en la vida psíquica.

Lejos de verla como un error del organismo, como algo de lo que hay que deshacerse sin más, la entendió como una respuesta del Yo ante situaciones que representan una amenaza, ya sea EXTERNA O (y aquí está lo más interesante) proveniente del INTERIOR del propio sujeto: de sus deseos, de sus conflictos, de aquello que permanece oculto o escondido en el inconsciente.

Cuando hablamos de ansiedad en términos psicoanalíticos, le llamamos ANGUSTIA: esa experiencia difusa, flotante, que no siempre tiene un objeto claro. A diferencia del miedo, que se dirige a algo concreto, la angustia señala que hay algo en el mundo interno del sujeto que está pidiendo ser reconocido, elaborado y resignificado.

Seguro te habrá sucedido que le cuentas a alguien por qué estás ansioso, y la otra persona te dice: “¿Pero solo por eso estás así? No es para tanto”, y es que la angustia es subjetiva, depende de los antecedentes, la vivencia y la sensibilidad de cada quien.

El psicoanálisis no trabaja con urgencia, trabaja con profundidad. Eso no significa que sea lento o ineficaz; significa que su eficacia opera en una dimensión diferente a la del alivio sintomático inmediato. Mientras otros enfoques pueden aliviar rápidamente la superficie del malestar —y eso tiene su valor y es respetable—, el trabajo analítico apunta a las raíces: a esos nudos que se fueron formando en la historia singular de cada sujeto y que organizan, muchas veces sin que lo sepamos, nuestra forma de relacionarnos con el mundo, con los otros y con nosotros mismos.

Procurar un tratamiento que apunte a lo profundo, a la raíz del malestar, previene reincidencias y que los síntomas se compliquen.

Las interrupciones en el tratamiento: cuando el proceso se detiene antes de tiempo.

Uno de los fenómenos más frecuentes —y más silenciosos— en los consultorios de un psicoanalista es la interrupción prematura del tratamiento. Sucede, generalmente, en uno de estos momentos: cuando la persona comienza a sentirse un poco mejor y concluye que «ya está bien”, o cuando el proceso toca zonas sensibles que generan resistencia, o simplemente cuando la espera se vuelve demasiado incómoda. Muchas veces está relacionado con la angustia de ir descubriendo poco a poco aspectos de uno mismo que son desconocidos o inexplorados, entonces el consultante busca rápidamente quitarse “el problema” de encima o no querer profundizar más.

Lo paradójico es que muchas veces la interrupción ocurre justo cuando el trabajo más importante está comenzando. El alivio inicial —que puede aparecer relativamente pronto, gracias al efecto de poder hablar y ser escuchado— suele confundirse con el fin del trabajo. Pero ese alivio es apenas la apertura de un proceso más hondo.

En términos analíticos, lo que suele estar detrás de una interrupción es la resistencia: ese movimiento inconsciente del psiquismo que se defiende del cambio, aunque ese cambio sea necesario y deseado. La resistencia no es pereza ni falta de compromiso; es parte del proceso mismo, y trabajarla es una de las tareas centrales del análisis.

Cuando alguien abandona antes de tiempo, no solo pierde la oportunidad de completar un proceso: con frecuencia, regresa a los mismos patrones, a las mismas formas de relacionarse, a la misma ansiedad, pero ahora con la creencia añadida de que el tratamiento no funciona. Y eso es especialmente doloroso, porque lo que no funcionó no fue el proceso, sino la interrupción de él, además de que la persona queda con la sensación de que “no hay nada que me sirva”, “soy un caso perdido”… Muy doloroso sentirse así.

Si estás considerando iniciar un proceso analítico, o si llevas un tiempo en él y estás tentado de dejarlo, te invito a preguntarte: ¿qué es lo que realmente estás buscando? Si la respuesta es alivio rápido, inmediato, hay otros caminos, muchas ofertas en el mercado. Pero si lo que buscas es entenderte, transformar algo que sientes que te limita y construir una relación más honesta contigo mismo, el psicoanálisis tiene mucho para ofrecerte.

La ansiedad te está diciendo algo. Quizás es tu momento para darle espacio y escucharla.